Competitividad y productividad

Autor: Manuel J. Molano

En días recientes, la Gaceta Parlamentaria, órgano de comunicación del poder legislativo, dio a conocer el proyecto de decreto por el que se expide la Ley para Impulsar el Crecimiento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía, y se adiciona el artículo 21 Bis a la Ley de Planeación. Esta iniciativa la envía el Presidente de la República a la Cámara de Diputados.

En los proemios de este proyecto legislativo, el Presidente Peña dice a los legisladores: “…No pasa desapercibido para el Ejecutivo Federal a mi cargo, que se encuentra pendiente la presentación de la iniciativa de una nueva ley de planeación, derivado de las reformas el 10 de febrero de 2014. En ese sentido, la presente iniciativa solo pretende hacer consistente la política nacional de fomento económico con el marco jurídico de planeación vigente, sin soslayar el hecho de que se requerirá contar con una nueva ley en la materia, que se iniciará posteriormente”.

Leí el proyecto de ley muy rápidamente. Solamente tiene 21 artículos y siete transitorios, así que es un proyecto fácilmente asimilable para el intelecto promedio de su servidor. Me llamaron la atención algunos aspectos que párrafo seguido comparto con el lector.

El proyecto a veces confunde competitividad con productividad. Al final, es necesaria la productividad para la competitividad, pero son conceptos muy distintos. La productividad implica la eficiente asignación de los factores productivos, mientras que la competitividad implica una agenda amplia de políticas públicas para que las empresas y las personas con actividades productivas puedan competir en un entorno cada vez más complejo. En la definición del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), mi empleador, la competitividad es la capacidad para atraer inversión y talento.

Mi opinión profesional es que es posible lograr productividad eliminando las graves distorsiones que existen en los precios de los factores productivos. Cada factor productivo en un mercado competitivo y sin distorsiones tendrá un precio que refleja no solamente su costo de oportunidad, sino además su aportación al proceso productivo. En México, el sector público paga más por energía, trabajo y capital que lo que sería eficiente, y de ahí resultan serias distorsiones a la productividad. Hicimos caro el trabajo formal, y de ahí la economía formal se especializó en bienes intensivos en capital. Matamos la posibilidad de inversión de los hogares en educación de calidad a partir de regalarles una educación de escaso beneficio para mejorar su productividad y su salario. Los impuestos al trabajo y la seguridad social son impuestos altos y de escaso beneficio para trabajadores y empresas, y en consecuencia, desincentivamos el trabajo subordinado.

Generamos distorsiones a la asignación del capital entre industrias, unas de política pública (como regalar el capital a través de programas públicos de dudoso beneficio), otras de estado de derecho (como no asignar correctamente los derechos de propiedad ni incentivar la reproducción del capital en la economía). La distorsión de nuestros monopolios de energía generó una distorsión similar en ese mercado. Es imposible, con los precios de los 3 factores de la producción distorsionados, y un escaso cuidado de los factores productivos, esperar que las empresas y las personas los asignen a los usos más eficientes.

Generar competitividad es mucho más complejo. Por eso los índices de IMCO en la materia tienen un centenar de variables, agrupados en 10 grandes capítulos de política pública. Quizás el más importante (es el primero) es tener “Un estado de derecho confiable y objetivo”. Los acontecimientos recientes de violencia en el país nos revelaron que estamos lejos de tener un estado de derecho con esas características. Eliminar el homicidio, la extorsión, el secuestro, la cuota, y el cobro de derecho de piso de la vida nacional (por mencionar algunos) es mucho más importante para la competitividad nacional que expedir la ley que cité al inicio de este artículo.

Fuente: http://imco.org.mx/competitividad/competitividad-y-productividad/

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